CAPITULO VII
Parecía no importarle el frio ni su estado anímico, su ebriedad lo estaba conduciendo al fondo del abismo, donde caen las mentes obesas de pensamientos absurdos. Tubo un desfase mental una noche anterior, paso dando vueltas y vueltas en su apartamento con una botella de whisky en su mano derecha y cigarrillos momentáneos en la otra mano. Por la mañana salió en busca de todos esos discos que le recordaban algún momento en particular. Podría ser un riff, una frase, un verso, una introducción, un solo, un coro, una nota particularmente, un recuerdo, un amuleto, una idea, un nombre, un artículo, una entrevista, un amigo o un amorío. Salió de la tienda de discos con casi dieciséis.
Luego de la tarea introdujo su desapercibida presencia en una cafetería donde observaba todo el Broadway hasta juntarse con la calle Walker. Ordenó un desayuno rápido.
Se sentó debajo de una ventana, entablo la mirada en lo más profundo del vidrio, prendió un cigarrillo, cruzo sus piernas debajo de la mesa, y mientras inhalaba el humo introdujo su mano derecha en la bolsa de los discos. Sacaba al azar un disco, lo observaba y lo introducía nuevamente a manera tal de no volver a sacar el mismo disco a la próxima. Con algunos discos sonreía, con otros se asombraba.
Tomo el desayuno, dando la cortesía de un gracias asintiendo con la cabeza. Ya se había acostumbrado a la asistencia solitaria de cualquier lugar, esto le motivo a recordar su vieja juventud y del autista que llevaba dentro. Se dijo así mismo: - “Mother sunshine in my heart”
Devoró el desayuno inmediatamente, le urgía a Rausel correr a su apartamento a escuchar esa canción. Tomó el primer taxi que vio e indicándole las coordenadas se acomodo a lo largo del sillón. De pronto le pidió al taxista que parara en una tienda, así fue. Rausel incómodo se bajo del vehículo y regreso con la botella de whisky en mano.
Subió a su apartamento, dejó la botella en la mesa, los discos los desenvolvió a la par del reproductor e instantáneamente entro a su habitación a tomar el último de sus discos.
Se recostó en el sillón con las piernas abiertas y los brazos estirados, cerró los ojos mientras la canción se introducía poco a poco, repetía la letra de la canción con groseros gestos, se descalzó los pies y fijamente tumbo su mirada en el reflejo del vidrio que le mostraba su cuerpo completo. Como un duelo Rausel sin dejar de verse en el reflejo se toco su barba, su largo pelo y su rostro. Sus ojos ahora enfocaban los edificios de Manhattan, fue entonces cuando asumió su postura de demencia. Frenó su reacción y acudió mejor a la botella que había comprado. Mother sunshine in my heart aun sonaba.
Bebió un largo trago, mientras tragaba se le corrían las gotas que no pudieron entrar en su boca, gotas que se perdían en el entremés de su barba. Levantó los ojos al techo y empezó a dar vueltas en su mismo eje, sintiendo poco a poco el ardor en su garganta y en su estomago. Eran las diez de la mañana.
Lo que se refiere a su desfase mental es un proceso sinóptico en el que Rausel se encuentra con ideas primitivas que surcan el vuelo para establecerse nuevamente en la situación en la que se encuentra. El alcohol era el mediador necesario para fundir sus
pensamientos en música. Sabía que no era necesaria la ingesta de alcohol, pero se trataba más de una vieja costumbre. Desde antes había recurrido a varios sicólogos en la materia, pero en Rausel solo lograban enfado y preocupación, el cerebro del músico… jamás se podrá comprender. Siempre teñía la idea de que era imposible encontrar a un músico que no fuera inepto a la vida. El músico es esa persona capaz de sacrificar su salud mental para favorecer la de los demás, de sacrificar su salud física para satisfacerse a si mismo y de sacrificar su armonía para la concepción de la materia artística. Pero consigo mismo acarrea muchas vidas atadas a la de el.
Llevó la botella con el hasta dejarla en la mesa adelante del sillón donde estaban esparcidos los discos, la coloco al lado de su pie derecho sobre el suelo, tomó el primer disco al azar, lo introdujo, y se dispuso a oírlo por varios minutos. Toda la noche escucho los 16 discos uno tras otro.
El disco de Jethro Tull fue el ultimo en sonar, fue el único disco que no pudo escuchar, le dedico esa hora al descanso. En efecto ebrio se levanto en busca de más alcohol, noto que la botella ya estaba vacía. Salió de su apartamento, bajo al primer nivel, y caminó por las calles recordando momentáneamente que su misión era conseguir mas alcohol. Se le cruzaban más y más recuerdos, no quería vivir atado a ellos, pero, era así como las monstruosidades de sus creaciones artísticas cobraban vida. Parecía no importarle el frio ni su estado anímico, su ebriedad lo estaba conduciendo al fondo del abismo, donde caen las mentes obesas de pensamientos absurdos.

MaXxX dijo
puta madre, este capitulo esta dedicado a todas aquellas almas alegres a las que nos gusta la buena musica y la adecuada compañia para la misma, jajaja salud camaradas!!
28 Abril 2008 | 05:43 AM