CAPITULO V

This is the end… my only friend… the end… los periodos de matemática largos y aburridos, no había otra cosa mas que pensar en la marcha subliminal de la música que ahora le pertenecía. No pudo vivir desde chico las peripecias de un niño “normal”, había dejado el futbol de su educación primaria por las horas pegado a la música, los recreos eran de juntarse con amigos que compartían la misma inquietud por el tema, personas que tampoco tenían apego a la doctrina de comprometerse con la sociedad a llevar una vida en base a flujos y prototipos. Nunca provoco su ira ni el resentimiento, sus instintos se quedaron rezagados por su apego al buen comportamiento, al respeto y la tolerancia que la música le había propinado como premio a su fidelidad ante el apego de sus oídos sumergidos en las ondas musicales. Se gano ser tímido, pero desarrollo un fuerte sentido del humor. Respecto a The end fue en uno de esos días en los que rebuscaba en la discoteca de su papá, el borde rojo con las letras blancas le señalaba el nombre de la banda, The Doors, lo tomó. Lo observo por ambas partes deduciendo que pertenecía a la época, lo llevo a su cuarto y lo colocó en su reproductor. La primer canción fue Break on Though, la distinguió de inmediato era común escucharla en las estaciones de radio. Desesperado por escuchar todo el disco adelantaba las canciones para reconocer si alguna le parecía familiar. Fue en la última canción del segundo disco cuando Rausel se asombró, una canción perturbadora y sicodélica le conmovió. The End se convirtió en el soundtrack de sus días en el colegio, el contacto que tubo con Morrison y su comitiva fue revelador en el, la parte emocional se quedo guardada cuando pensaba en The End. Conoció más de fondo a Morrison, convirtiéndose en la figura que a muchos les ha convencido como uno de los iconos del rock.
